Conocer las emociones
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Conocer las emociones

Una vez que ya conocemos un poco las emociones, ahora toca explorar las características principales de las emociones primarias:

Características Emociones Primarias

LA SORPRESA

Es la única emoción que no tiene valencia. Está elicitada por un estímulo que nos es desconocido o inesperado. Por tanto, su valor está indeterminado hasta que se produzca el análisis de su contenido. Una vez analizado, nos dirá si es algo positivo o negativo.

Su característica principal es que la mente se queda en blanco, preparándose para recibir y analizar los estímulos sorpresivos, facilitando de esta manera desarrollar los procesos atencionales y el surgimiento de conductas exploratorias y de investigación.

Es la emoción más breve de las primarias, dura hasta que se produce el análisis, y estará seguida de otra emoción en función de la valencia afectiva resultante de su examen.

EL ASCO

Lo característico de esta emoción es una marcada aversión por un estímulo que es valorado como muy desagradable o repugnante para la persona.

Su función es preparar al organismo para que evite estímulos potencialmente dañinos, a nivel físico o moral, motivando al individuo al alejamiento, escape o rechazo del estímulo desencadenante.

Puede venir acompañado de sensaciones desagradables como la nausea o de conductas como el vómito, y la experiencia subjetiva que provoca es la repulsa.

LA ALEGRÍA

Es un sentimiento positivo que surge cuando la persona consigue alcanzar una meta, reducir o eliminar un estado de malestar, o al experimentar una sensación estética agradable.

La alegría tiene importantes y ventajosas repercusiones para la persona. Refuerza la consecución de metas importantes, facilita la interacción social, reduce el estrés y suaviza las sensaciones desagradables de sucesos negativos. A su vez, mejora la respuesta inmune del organismo, propiciando una mejor salud. 

La expresión de esta emoción está condicionada por el contexto social en el que surge. Cuando aparece en un contexto de intimidad y cercanía se puede expresar de forma desinhibida, no siendo así en otros contextos, que por razones culturales o costumbristas no permitan o faciliten su libre expresión.

EL MIEDO

Se caracteriza por una activación muy elevada, que moviliza al sujeto a la evitación y el escape de situaciones que  percibe como un peligro presente e inminente que amenaza su supervivencia o su bienestar.

La percepción del peligro de daño físico o psicólogico es básica para que se desencadene esta emoción. Su función de protección nos previene de actuar en situaciones potencialmente peligrosas. Si el miedo es muy elevado puedo acarrear sensación de pérdida de control. Genera desasosiego y preocupación por la propia seguridad.

El miedo elicita estrategias defensivas, que van desde la lucha, a la huida. También es común el quedarse inmóvil, petrificado. Trae consigo palidez en el rostro, al movilizarse la sangre a los músculos para facilitar la respuesta correspondiente.

 LA IRA

Se produce ante los actos de injusticia que sufre la persona o los demás. A su vez, puede producirse  ante la pérdida o negación de una fuente de gratificación, que desencadene frustración.

La ira propicia la acción, moviliza mucha energía hacía la fuente que la genera. Nos permite ejercer  conductas defensivas o de ataque de manera prolongada, ya que es un intenso motivador.

Que nuestro interlocutor vea que estamos airados facilita que éste se de cuenta de que su conducta nos perjudica, daña o molesta, lo que puede evitar una confrontación violenta.

La ira es un gran disparador de energía, lo que hace que seamos menos reflexivos cuando la experimentamos, propiciando que realicemos juicios rápidos sobre la situación basándonos en sus características más llamativas y superficiales.

LA TRISTEZA

Experimentamos tristeza como consecuencia de sucesos que consideramos desafortunados, ante una pérdida irrevocable de alguien o algo importante para nosotros.

Está caracterizada por un estado de ánimo bajo, acompañado de una reducción importante en el nivel de activación la persona, y una sensación de pesadumbre o melancolía.

Esta emoción tiene una función reparadora para la persona, ralentizando su actividad, impidiendo con ello que derroche energías con el exterior y que use éstas para centrar la atención en sí mismo, potenciando la introspección, la búsqueda de alternativas y el apoyo social.

Controlar las emociones

Como hemos visto las emociones provocan respuestas en nosotros que, sin lugar a dudas, van a estar muy influenciadas por nuestra experiencia y aprendizaje previos, así como por la cultura en la que nosotros nos encontramos.

Dicho ésto, también tenemos que tener claro que nuestra respuesta emocional puede ser modulada a través del control emocional, mediante la inhibición, exageración o distorsión que ejerzamos sobre ella. Mediante el aprendizaje de técnicas como la relajación, la meditación, el mindfulness, la exposición o la prevención de respuesta, entre otras, podemos gestionar de una manera más adecuada nuestra respuesta emocional.

Si os resulta complicada la gestión emocional o alguna emoción en particular os incapacita, daña, perturba o interfiere en vuestro día a día, alterando vuestro bienestar, no dudéis en consultar a un profesional de la salud mental. El cambio que necesitas está en ti.

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